Analizando las aptitudes del modelo AIE: La conceptualización
La conceptualización es otra aptitud docente del modelo AIE necesaria para la gestión de conflictos (Ficha de cátedra, 2020. Aptitudes docentes del modelo UCA-AIE. p. 2) que le permite al docente en relación con los otros conocer, entender y elegir la estrategia adecuada para cada situación cambiante. En el proceso de enseñanza-aprendizaje debe quedar explícita la capacidad de construir conocimiento propio y libre, que también presupone la posibilidad de conflictos presentes y futuros.
En esta habilidad analítica el docente puede desempeñarse como árbitro, facilitador, mediador o negociador. Y frente a estas actuaciones diversas, puede valerse de un metamodelo de preguntas (Ficha de cátedra, 2020. Gestión de conflictos. p. 4) que “inician un proceso de pensamiento más amplio” y obtienen “información precisa y de alta calidad”. Este metamodelo de preguntas cambia “el foco de atención y detecta partes de las transgresiones al lenguaje” como las generalizaciones, distorsiones u omisiones en el discurso de los que están en conflicto. El metamodelo de preguntas se basa en la neurolingüística y permite una comunicación asertiva que es la que se diferencia de la comunicación violenta y de la incomunicación (pasiva) o “indefensión aprendida”.
También para desempeñar la aptitud de la comprensiva, el conocer y utilizar los niveles neurológicos de aprendizajes y cambios (Ficha de cátedra, 2020. Gestión de conflictos. p. 6) permite dimensionar dónde está el conflicto y dónde apuntar el trabajo para solucionarlo realmente. En forma descendente, los niveles neurológicos en los que se puede generar un cambio que influya en el nivel inferior serían: el más alto, el nivel espiritual-social que permite modificar aprendizajes del “ser con otros” afecta indudablemente a los niveles inferiores neurológicos a él, como el de la identidad donde se define realmente “quién soy” o “cómo quiero ser”. El tercer nivel neurológico de aprendizajes, en orden descendente, es el de las “creencias y valores”, que puede cuestionar el “por qué yo haría tal cosa” y donde se pueden modificar las motivaciones y criterios del obrar fundamentales en la gestión de conflictos y a la hora de producir verdaderos cambios en las interrelaciones sociales. Cualquier cambio en los tres primeros niveles neurológicos afectará realmente en los tres siguientes. El cuarto son las “capacidades o habilidades” como “ser capaz de”, límites de las propias acciones, dirección de la propia vida, sentido atribuido a las propias conductas. El quinto nivel neurológico de aprendizaje y de cambio reside en el “comportamiento” o “conducta”, que son “acciones específicas” modificables en tanto sean modificados los niveles neurológicos de aprendizajes superiores. Y el último nivel de cambio es el “ambiente” relacionado con “el contexto externo y la reacción al mismo”. Puede ser que el ambiente se logre modificar de modo real y eficazmente si se invierte mucha dedicación a cambiar los aprendizajes de los niveles superiores, pero también puede ser que si se modifica algo del ambiente los niveles inmediatamente superiores también reciban una modificación. Por eso no hay que descartar actividades de tipo cognitivo-conductuales en la gestión de conflictos.